lunes, 9 de julio de 2012

Agredidos por vigilar

Manu tiene 38 años. Desde hace tres es vigilante en el metro de Bilbao. Los sábados su jornada comienza a las 11 de la noche y termina a las ocho de la mañana del domingo. Forma parte de los casi cien vigilantes que diariamente velan por la seguridad de los usuarios en las instalaciones del suburbano. “Es un trabajo muy tenso y más si en alguna ocasión has tenido algún altercado”, advierte.
Hasta el año pasado, la seguridad del metro era competencia de tres empresas. En la actualidad, la gestionan Prosegur y Sabico, cada una línea. En el primer caso supervisan la que abarca Santurtzi-Basauri. En el segundo, la que va desde Lutxana hasta Plentzia. Entre semana las patrullas se hacen individualmente, el fin de semana dependiendo en qué estación, por parejas. Y es aquí donde llega su primera demanda. “Muchas veces nos vemos indefensos, es nuestra palabra frente a la del denunciante. Hace falta más personal. Las supervisiones de 20 minutos que dedicamos a cada estación para comprobar que todo está bien son escasas”, sostiene el comité de empresa.


 Las sentencias han sido muy variadas, desde la multa hasta la cárcel

Todavía están recientes los hechos ocurridos la madrugada del pasado lunes en las paradas de Sopelana y Aiboa, donde dos vigilantes fueron agredidos por dos jóvenes de 16 y 31 años respectivamente. Uno, por mediar en una discusión. El otro, por evitar el robo de un bolso a una mujer. “Las agresiones casi siempre empiezan de modo verbal, después el individuo pasa a la acción. Es raro que te vengan y te peguen directamente”, matiza un portavoz del comité. Según los datos a los que ha tenido acceso EL PAÍS, cada semana se enfrentan de media a cuatro agresiones. De hecho, las estadísticas constatan que el 80% de los ataques graves conlleva una baja laboral. Sólo una de las dos empresas encargadas de la seguridad registró el año pasado un 14% más de bajas que en 2010. Metro Bilbao prefiere no entrar en cifras e insiste en que los episodios graves son aislados. “Estamos ante uno de los medios más seguros del Estado y además en la última encuesta, los clientes valoraron la seguridad con un 8,5 sobre diez”, afirman.

“Es un trabajo muy tenso y más si has tenido un altercado”, dice un vigilante
Según los datos, el detonante de los ataques es muy variado y va desde quien se salta el acceso porque no quiere pagar billete hasta quien orina en las vías. Por su parte, las zonas más calientes, como las denominan en su argot los vigilantes, son Casco Viejo, Abando, Barakaldo, Berango y Bolueta. Estas últimas por la presencia de discotecas. Las horas más críticas; de cuatro y media de la madrugada a siete de la mañana. “Los fines de semana son peores y ahora en verano más”, enfatizan los vigilantes. Y es que tienen muy claro en su calendario las dos épocas del año. “De junio a septiembre, la Margen Derecha es más peligrosa por las fiestas; en invierno, la Margen Izquierda y Bilbao”, aseguran. En cuanto al perfil del agresor, está muy determinado; adolescentes alcoholizados tras una noche de fiesta o inmigrantes. Según los vigilantes, es muy difícil encontrar reincidentes. En el último año se han dado dos casos; uno fue el de Bijan Alizadeh, el joven iraní de 31 años que en noviembre de 2011 acabó con la vida de un jubilado en Santutxu e hirió a siete personas más. “Durante varios meses fue muy conflictivo. Saltó a las vías en Bolueta, se cayó por un túnel, le tuvimos que desalojar a la fuerza de un vagón…”, recuerdan desde el comité. El otro, el de un indigente magrebí de 18 años con hasta 50 detenciones en Bilbao, antecedentes penales por agresión con arma blanca y abusos sexuales, que mordía a los vigilantes y que en la actualidad no se le puede juzgar por estar en paradero desconocido. “Les conminas a que no hagan lo que están haciendo pero no te hacen caso y es cuando tienes que dar aviso al supervisor de que alguien no cuenta con billete y es cuando te agreden”, relata Manu.

Las zonas calientes son Casco Viejo, Barakaldo, Berango, Abando y Bolueta
No están solos. Los vigilantes están comunicados entre ellos por un sistema de voz denominado Tetra. “Antes era peor, funcionábamos con teléfonos móviles, en zonas que a veces no había cobertura y sin saldo”, denuncia el comité. “En la actualidad, el escenario ha cambiado”, reconocen. Además, el circuito cerrado que conforman las centenares de cámaras de seguridad con las que cuenta Metro Bilbao, dan testimonio de casi todo lo que sucede en su interior. Es la principal prueba que poseen los vigilantes que se ven envueltos en agresiones durante su jornada laboral aunque hay ángulos muertos. El documento junto con el testimonio del supervisor es tenido en cuenta por el juez como prueba. “No obstante, es necesaria la unificación de la defensa; es decir, no puede darse como ahora que en los juicios, Metro lleve su abogado y el vigilante el suyo. No existe comunicación”, desvela el comité.
No todos los ataques se denuncian. El 90% de los físicos acaba en juicio por la vía penal. En caso de resultar condenado, el agresor paga la multa si antes no se declara insolvente. Si pierde el vigilante (ocurre en un 5% de los casos), es la empresa la que se hace cargo o bien éste quien debe abonar de su bolsillo sanciones de hasta 600 euros.

El perfil del agresor es adolescentes alcoholizados de fiesta o inmigrantes
Hasta la fecha las sentencias han sido muy variadas, desde la multa hasta la cárcel y en algunos casos el problema es el tiempo. “Hay procesos que se pueden alargar mucho porque los imputados no tienen un domicilio fijo donde remitir su citación”, destaca el abogado Hugo Sánchez, que lleva causas de este tipo desde hace cuatro años. Sólo de una de las dos empresas de vigilancia a la que asiste, recibe al año alrededor de 50 casos. Uno de los últimos más graves, una agresión que tuvo lugar en la estación del Casco Viejo en mayo de 2008 y que terminó con dos de los vigilantes atendidos en el hospital y con un tercero herido en la cara. La sentencia dictada recientemente condenaba a los cuatro jóvenes a una pena cada uno de 3 años de prisión y una indemnización de entre 2.400 y 14.400 euros. El origen de la trifulca; la falta de billete.


FUENTE:   http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/07/07/paisvasco/1341681784_376064.html